Una estación blanca y seca

PJ Harvey aparece con el torso desnudo en la contracubierta de “Dry”, uno de los mejores discos del año. “Esta desnudez no es mía, es de nuestra música”, afirma Polly al recibirnos en la desolada zona rural que habita.

Nota publicada en el número 136 de la revista Les Inrockuptibles, 11 de junio de 1992.

Entrevista: JD Beauvallet. Fotografías: Renaud Monfourny

Yeovil, el fin del mundo. El Lejano Oeste o el West Country, como lo llaman despectivamente los británicos. Es el lugar que tiene la mayor concentración de camionetas Range Rovers del mundo. Acá sobra el barro, los cerdos y las ovejas en tránsito y las infaltables botas de goma que usan todos los granjeros. Vemos más cerdos en los campos, resguardados en casetas antiquísimas, que personas en las calles. Para llegar aquí, hay que bordear unas inquietantes formaciones rocosas -que recuerdan a Stonehenge- cubiertas de carrocerías de automóviles accidentados y creer en brujas y fuerzas oscuras. Papá excava, mamá graba, Polly esculpe; de ahí nació el sonido de PJ Harvey. Música de la Edad de Piedra, rústica hasta el punto de resultar rudimentaria. Nos encontramos en los paisajes desolados del escritor Thomas Hardy; nada parece haber cambiado desde su novela “Tess, la de los d’Urberville”: “De todos los parajes sombríos y desolados de la región, este era el más deprimente. Era imposible estar más alejado de la belleza que artistas y amantes de la naturaleza buscan en el campo. Se trataba de una belleza negativa, trágica”. Yeovil, la plaza del pueblo: unos cuantos jóvenes intentan olvidar su ocio reuniéndose en torno a una iglesia austera. Pero el aburrimiento siempre gana la partida. Así que acuden al Tesco, un supermercado teletransportado desde Colorado, un símbolo obsceno de la modernidad en una zona rural olvidada. No hay nada que hacer, y por eso PJ Harvey ama este paisaje. A Polly Jean le gusta decir que está “en casa”, como si la puerta cerrada de la granja familiar bastara para mantener a raya el vacío que, de otro modo, impondría semejante entorno. Con doble cerrojo, recluida en la diminuta habitación que vio nacer temas feroces como “Dry” o “Happy and Bleeding”. Posee la cautela propia de la gente de campo; casi se pueden imaginar ristras de ajo colgando junto a la puerta para ahuyentar al diablo. La Inglaterra profunda no es dada a hablar. PJ deja a Londres los discursos ensayados de las estrellas del pop -más preocupadas por su imagen pública que por sus discos-. Siente que no tiene nada que vender y nos habla a regañadientes. Un pub sombrío y anónimo –“Aquí es donde venía cuando me escapaba de clase”, declara- sirve de escenario para un encuentro forzado: “Si hubiera dependido de mí, no habría venido a reunirme contigo”, reconoce. A sus veintidós años, dueña de un aplomo intimidante y de una mirada capaz de hacer apartar la vista incluso a los más audaces, PJ Harvey luchará hasta el final para ahuyentar a los intrusos.

No puedo decir que esté particularmente feliz por el éxito de nuestro álbum “Dry”. Claro que me alegra que la gente lo compre. Pero al mismo tiempo no puedo acostumbrarme, no puedo aceptar esta idea de éxito. No estaba preparada para esto y estoy pasando por un momento muy difícil, el peor de mi vida. No puedo acostumbrarme. Canciones escritas en mi habitación terminan en manos de cualquiera, por todo el país… Es increíblemente frustrante. La prensa me está haciendo mucho daño. Recién estoy empezando a darme cuenta de lo retorcida que puede ser la gente. Dan una imagen completamente distorsionada de mí y realmente me decepcionan. He desechado muchas ilusiones, he llegado a odiar las entrevistas… Ahora que estoy en una posición de fuerza, voy a aprovecharla para rechazar este estúpido juego. Si hago música, es únicamente porque me encanta tocar, no para venderme. No me interesa en absoluto ver mi foto en los periódicos. Eso es muy peligroso para mi música. Me gustaría poder dedicarme mucho más a ella, no sentir este disgusto, este cansancio. No tenía idea de lo que me esperaba. Jamás pensé que acabaría así, tocando en estadios gigantescos.

Vives en el campo. ¿Cómo ha afectado el éxito a tu vida diaria?

Mi vida dio un vuelco. A veces para bien: ahora me resulta fácil pensar solo en la música, ganarme la vida con ella. Y eso es lo que siempre he querido hacer. Pero la mayoría de las veces, es para peor. Por primera vez en mi vida, sé quiénes son mis verdaderos amigos, las máscaras han caído… Me entristece mucho; algunos me miran de otra manera ahora. Están tan convencidos de que he cambiado que ellos terminan cambiando. Mis antiguos compañeros de colegio, los que antes me empujaban en los pasillos, ahora me tratan con respeto, como si ya no fuera igual, pidiéndome autógrafos. Odio este tipo de situaciones. Por eso los recibí aquí en Yeovil, y no en mi pueblo. Allí la gente no nos dejaría en paz ni un segundo.

Muchos músicos aceptan el éxito como una confirmación de su talento. ¿No necesitas ese reconocimiento?

Nunca he necesitado que alguien confirme que nuestra música es buena. De todos modos, no creo que lo sea. El hecho de que la gente compre “Dry” no cambia mi opinión sobre el disco. No puedo entender cómo puede gustarle tanto. Es solo un punto de partida, nada del otro mundo. Lo que estoy escribiendo ahora mismo es mucho mejor. E incluso así, nada me satisface, todo me decepciona. No obtengo satisfacción de mi trabajo, solo frustración. Las canciones de “Dry” sólo valieron la pena cuando las escribí. Pero he aprendido mucho desde entonces; esas canciones son antigüedades para mí. Ya habiendo escrito mentalmente el segundo y el tercer álbum, sé exactamente adónde quiero ir. No quiero estancarme en “Dry”.

Dos álbumes ya preparados: pocos grupos pueden presumir de tal facilidad para componer.

Pero nunca es una tarea fácil. Es agotador, deprimente, me vuelve loca. Termino odiándome cada vez que escribo . Hoy estoy en uno de esos periodos: me siento inútil, sin valor… Ha sido así desde el primer día, soy incapaz de estar satisfecha conmigo misma. Esperaba que las cosas empeoraran por la presión de haber firmado con Island y tener que sacar un álbum a principios del año que viene… pero algunas cosas no cambian; sigue siendo igual de agotador. Así que hoy tengo una motivación extra: sé que mis canciones serán escuchadas. Es la primera vez que escribo sabiendo eso. Ninguna de las letras de “Dry” estaba destinada a ser escuchada. Necesitaba hablar conmigo misma, eso es todo. Siempre me ha encantado escribir prosa o incluso poesía. Las palabras siempre me han fascinado . Y el día que me regalaron mi guitarra, me pareció natural escribir letras para ponerles música. Nadie podía escuchar mis canciones. Las consideraba una confrontación conmigo misma, una necesidad. Siempre he necesitado estar a solas con una hoja en blanco. No es realmente terapia, ya que nada se ha curado todavía… La terapia es tocar en vivo. Ahí, sí, siento que me estoy mejorando, sanando. Ahí es donde encuentro el mayor placer. No es solo una forma de expulsar mi ira y frustración , es también la simple alegría de reír y divertirme. Esa es mi principal fuente de felicidad.

Intenté dejar la campiña de Dorset y mudarme a Londres. Viví allí seis meses, pero no pude quedarme. Tuve que volver. Era la primera vez que dejaba la casa de mis padres. Y todo se desmoronó. Y encima de todo: el disco, la prensa, el éxito… Era demasiado para mí; necesitaba volver a casa. Necesito vivir lejos de todo ese ajetreo, no formar parte del negocio de la música. Esa gente me repugna; me demostraron… Vi hasta qué punto todo en la música dependía del dinero. He perdido mucha fe en la naturaleza humana desde que fui a Londres. Los hombres me han decepcionado enormemente . Prefiero mucho más vivir aquí con mis padres.

¿Echaste de menos su protección?

Nunca fui una niña sobreprotegida. Esa es una imagen que la prensa intenta proyectar sobre mí, completamente falsa. Nunca viví aislada; siempre había mucha gente en casa. Mis padres organizaban conciertos de jazz y rhythm and blues en los pueblos de los alrededores, y las bandas siempre se alojaban con nosotros. Esas presentaciones atraían mucho público los fines de semana; los grupos de Londres se peleaban por tocar aquí.

Me cuesta imaginarte con botas de goma, en el campo.

¡Pero esa soy yo exactamente! Amo la naturaleza y los animales. Los campos y las botas de goma son mi vida (sonríe)… Cuido constantemente de las ovejas: las alimento, doy biberón a algunas y ayudo con sus partos. Monto a caballo y doy largos paseos; esas son mis actividades favoritas. Me levanto muy temprano por la mañana , toco la guitarra durante horas, cuido la casa y el jardín, y ayudo a mi padre con el parto de las ovejas cuando es la temporada, como ahora mismo. Los animales son mi vida, son una compañía maravillosa: tengo dos gatos, algunas ovejas y gallinas. Antes teníamos un perro y algunas vacas, pero murieron. Prefiero mil veces estar con ellos que con la gente del mundo del espectáculo. No me gustan las multitudes ni la gente. Necesito estar sola, en paz y tranquilidad. Me gusta el silencio, no ver a nadie.

A menudo se menciona la frustración de los jóvenes que viven en pequeños pueblos de provincia: la sensación de ser olvidados, de estar atrapados.

Eso es algo que también he sentido. Hubo momentos de enorme frustración. Pero todo eso desapareció el día que me mudé a Londres. Entonces comencé apreciar el campo por lo que vale. Aunque a veces me siento aislada del resto del mundo, creo que es una ventaja. Me empuja a extremos en muchas áreas… Me esfuerzo por alcanzar el máximo en todo lo que hago. Hoy, es la música. No sé qué será dentro de cinco años. Quiero que nuestra música se vuelva cada vez más extrema. Creo que es una reacción normal cuando has tenido una infancia como la mía, lejos de todo, lejos de todos. Te obliga a perseguir al máximo tus pasiones. Es la única manera de satisfacer mis necesidades. Aunque todavía no lo haya logrado. Así que lo intento, una y otra vez. Aunque me vuelva loca de rabia.

¿Acaso esta frustración no es aún peor para las chicas del campo? Se espera que se conviertan en buenas amas de casa, buenas madres, sin ambición alguna.

Es cierto, se espera que las chicas se ajusten aún más a los estereotipos. Anoche, en el pequeño pub de mi pueblo, el dueño dijo que el papel de una mujer era cocinar y limpiar, no trabajar … Mi familia no estaba de acuerdo y se pusieron a discutir. Y ahí estaba yo, en medio, incapaz de decir una palabra. Así es la gente por aquí . No hace las cosas particularmente más difíciles para chicas como yo; estos estereotipos son fáciles de rechazar. Nadie te obliga a tomar el camino fácil, a ser perezosa. Nunca me he considerado una rebelde, luchando contra la sociedad. Después de todo, tal vez sean las otras mujeres las extremistas y yo solo soy normal. Todas las chicas con las que fui a la escuela se negaron a ser amas de casa, y todas lograron salir adelante de una forma u otra. Nunca me sentí atrapada por la mentalidad local. Excepto alrededor de los 15 años… Entonces sí, me sentí atrapada, quería huir. Las ciudades me fascinaban, soñaba con ellas. Venir a Yeovil ya era toda una expedición para mí, un gran día. Fui a la ciudad, había tiendas, todas esas cosas que nunca se veían en el pueblo. Me asustó ver tanta gente, tantas cosas.

¿Cómo imaginabas el futuro en aquel entonces?

Las cosas cambiaban constantemente. Durante años, mi única ambición fue convertirme en veterinaria. Luego en enfermera. Empecé alrededor de los 11 años. Siempre me apasionó la música. Aprendí a tocar el saxofón y luego toqué en algunos grupos de jazz. Incluso formé parte de una big band durante un tiempo (sonríe)… Después empecé con la guitarra y me di cuenta de que la música era lo que más me gustaba. Mi última pasión fue la escultura. El año pasado , incluso conseguí una plaza en una escuela de Londres. Pero entonces salió el disco y mis estudios se vinieron abajo. Sin él, habría estado cursando tres años de estudios de escultura.

¿Eras feliz siendo una niña o te identificabas más con lo masculino?

Fui una chica poco femenina hasta los 14 años, el día que me puse una falda por primera vez en mi vida. Soñaba con ser un chico; era casi una obsesión. Mis únicos amigos eran los amigos de mi hermano. No había una sola chica en nuestro grupo, y de hecho, no había ninguna en ningún otro lugar. Nunca tuve una amiga; las chicas no me interesaban y me resultaban completamente ajenas. Inclinarme por lo masculino… En ese momento, la situación rozaba lo enfermizo. Lo único que me importaba era jugar a la guerra con los chicos del pueblo. Construíamos campamentos militares en los campos y peleábamos sin parar  Sobre todo, no quería chicas cerca; me irritaban con sus tonterías de muñecas.

¿Eso no preocupó a tus padres?

Nunca se lo he preguntado . Se lo preguntaré esta noche cuando llegue a casa . Pero debieron preocuparse cuando me vieron cumplir 14 años, todavía vestida como un niño… Mis padres no eran de los que sermoneaban. Eran muy abiertos de mente, de la generación hippie. Podía hacer lo que quisiera; nunca me presionaron en ninguna dirección en particular. Para ellos, los niños deben hacer lo que quieran, incluso si eso significa aprender de sus errores. Están encantados de que me gane la vida tocando música; a menudo vienen a mis conciertos y siempre me han apoyado. De hecho, fue para mamá que grabé una versión de “Highway 61 Revisited” de Bob Dylan. Para ella, él es una especie de dios, un ícono. La única razón por la que organizaban conciertos en los salones de los pueblos de los alrededores era porque querían que la música llegara a esta región, que le diera vida. Y el público acudía en masa a ver a estas bandas. Todos estos músicos de blues y boogie-woogie luego alojaban en nuestra casa. Tenía diez años y me encantaba su compañía. Me dieron clases de saxofón; me apasionaba el blues. Los vecinos nos miraban con desprecio ; para ellos , éramos una familia de hippies. Mi padre dirige una cantera de arenisca donde mi hermano es capataz. Yo misma trabajé allí un año, transportando las rocas. Pero me sentía infeliz, como en un callejón sin salida, así que me fui a estudiar.

Los hippies fueron una reacción a la generación de la posguerra, la de sus padres. ¿Hubo algún desacuerdo entre ustedes?

No tenía motivos para rebelarme. Discutíamos, pero nada fuera de lo común. Me di cuenta de la suerte que tenía en la escuela, al ver cómo criaban a los otros niños. Nunca sabían cómo comportarse conmigo; pensaban que era un niño pequeño. Casi siempre llevaba la cabeza rapada… Me señalaban; pensaban que era rara. Pero yo pensaba que todo era normal. Nunca me consideré un ser excepcional, alguien único. Soy una persona común y corriente. Antes de la música, no tenía ninguna pasión. Me pasé la vida leyendo; eso era lo único que me interesaba… (William) Burroughs es mi autor favorito. Me encanta la falta de tabúes que tienen estos autores estadounidenses, la forma en que llaman a las cosas por su nombre. No conocen nuestra pacatería, van hasta el final.

Existe una sólida tradición feminista en la literatura inglesa, publicada a través de Virago Press. ¿Te resultó atractiva?

Nunca he leído esos libros. El feminismo es un concepto demasiado amplio y colectivo para mí. Solo puedo comprender las cosas a nivel individual, a pequeña escala, en mi propio entorno. No es egoísmo, pero soy incapaz de pensar globalmente.

Vives rodeado de objetos extraños. Parecen runas, talismanes, objetos de culto.

(Avergonzada) … No soy supersticiosa, pero tengo una verdadera fascinación por los objetos que me agradan. Y resulta que la mayoría de estos objetos son religiosos. Durante mucho tiempo, me apasionó la religión; pasaba las noches leyendo la Biblia. Pensaba que allí encontraría todas las respuestas, que lo entendería todo. Nadie me dio el más mínimo conocimiento básico de religión; tuve que aprenderlo todo por mi cuenta. Se han dicho y hecho tantas cosas en nombre de este libro; tenía que saber de qué se trataba todo eso.

¿Estas lecturas iban acompañadas de un sentimiento de culpa?

No, jamás me he sentido agobiada por tal sentimiento. Pero tengo valores; me mantengo fiel a un código moral. No puedo comprender cómo alguien podría cuestionarlo.

Tus letras son muy crudas, muy personales. ¿No te da avergüenza a veces cantarlas en público?

Eso nunca me pasa. Cuando escribo estas letras, son muy personales. Pero dejan de pertenecerme en cuanto las canto en público. Es como si otra persona se adueñara de ellas. Se convierte en una actuación, estas palabras se me escapan… Cuanto más tiempo pasa, menos cercana me siento a ellas, tanto que algunas de mis canciones ya no significan nada para mí. Si siento que están demasiado alejadas de mí, dejo de tocarlas para siempre.

¿Podrías hablar de sexualidad con tus amigos con la misma franqueza con la que lo haces en tus canciones?

No. En mis canciones, solo hablo conmigo misma . Los demás, los amigos, no importan. Escribo para mí y solo para mí. Pero de la sexualidad podría hablar fácilmente con la gente, no me molesta. Me parece muy extraño que los ingleses se nieguen sistemáticamente a abordar el tema. A nadie le resulta chocante en Francia, pero aquí es tabú. No entiendo por qué mis letras han causado tanto revuelo; me parecen muy inocentes. ¡Acusarme de pornografía, qué divertido!

¿Te produce un placer particular cantar esas letras frente a un público casi exclusivamente masculino?

Por eso funcionan las canciones. Es un placer cantar “Sheela-na-gig” (“Mira esas caderas fértiles, mira esos labios escarlata…“) a los hombres. Pero el objetivo nunca es incomodarlos. Verlos bajar la mirada no me produce ningún placer en particular. Simplemente me alegra obtener una reacción de la gente, hacer que se callen cuando canto. Al incomodarlos, los obligo a escucharme con más atención. Pero no disfruto intimidando a los hombres que tengo delante. Cualquier reacción a mi música me complace, ya sea timidez , una buena carcajada o un insulto. El otro día, que un tipo me gritara ” vaca miserable ” en medio de un concierto me hizo feliz.

Con eso se corre el riesgo de atraer a pervertidos.

Ya he tenido algunos . Vienen a verme al final de los conciertos, me envían cartas chocantes… Ni siquiera creo que su reacción esté motivada por mis letras, sino por las fotos que han visto. No esperaba que la gente fuera tan posesiva, que pasaran tanto tiempo pensando en mí, a solas en casa… Sus cartas me asustan, porque presiento que están obsesionados.

Palabras como las tuyas inevitablemente atraen este tipo de fantasías.

No solo la letra, la imagen también. Pero eso no es lo que buscaba. Todo está malinterpretado, lo tomo como un fracaso personal. La contraportada de “Dry” no puede coincidir con la música de dentro (en ella Polly aparece en topless). Es tan simple como eso: no es un retrato mío, sino un retrato de nuestra música. Esa desnudez es suya.

La portada de NME, donde apareces de nuevo con el torso desnudo, causó un escándalo, especialmente entre las feministas. Cuesta creer que esta decisión pudiera ser tan ingenua.

Las reacciones a esa portada fueron grotescas . Para mí no significó absolutamente nada, solo una sesión de fotos insignificante. De nuevo, fracasé; la gente solo vio los aspectos negativos, no el punto que intentaba transmitir. Sinceramente pensé que le estaba haciendo justicia a nuestra música, que la foto explicaba perfectamente nuestro álbum. Pero fue un fiasco. La gente solo recordó una imagen que nadie relacionó con la música. Y luego estaba esa ironía que nadie quería ver. La gente espera que fuera demasiado seria, la portavoz de mi generación, todas esas tonterías. Ni siquiera me permiten ser graciosa.

¿Es completamente falsa la imagen pública? ¿Se sorprenderían las personas por tu humor, tu jovialidad, tu buen carácter?

Esta PJ Harvey que veo descrita en las revistas no soy yo, no tiene nada que ver con la que yo conozco. Pero eso me viene de perlas; me permite distanciarme aún más. La gente se sorprendería, porque creen conocerme por la prensa, que miente. En el fondo soy muy violenta, pero esta frustración se acumula, se va amontonando y solo sale a la luz en mi música. Por eso la necesito tanto. Si no, explotaría. La banda es mi única vía de escape.

Nunca formé parte de algún movimiento. De todos modos, no había ninguno en mi pueblo. Así que escuchaba discos sola. Solo los discos de mis padres; eran más que suficientes para hacerme feliz. Después de unos años, conocí a Automatic Dlamini, una banda local con la que toqué durante mucho tiempo. Grabamos sin parar con ellos. Teníamos material de sobra para un álbum, pero a nadie le interesó. Ahora, a mucha gente le gustaría hacerse con las cintas y publicarlas, pero confío en la banda. Son demasiado honestos como para hacerme eso. Tocaba la guitarra en pubs; allí fue donde su cantante me encontró y me pidió que me uniera a su banda. Fue entonces cuando descubrí a los Pixies, Tom Waits y Nick Cave, que me impresionaron mucho. Son mayores que yo, rondan los treinta años, y todos tienen clubes nocturnos increíbles.

¿Antes de ellos, solo estaban los discos de jazz y blues de tus padres?

Sí, y los viejos Rolling Stones, a los que siempre vuelvo. No había nada más para mí. Nunca fui a discotecas , porque no había ninguna. Mis padres también tenían discos de Captain Beefheart; es el artista que más he escuchado en mi vida, incluso hoy en día.

Así que nunca tuviste que explorar. Los discos simplemente llegaron listos para usar.

Tuve mis guías espirituales; nunca compré un disco en mi vida. Siempre estuvieron disponibles ; no necesitaba nada más. Nunca tuve esa sed de descubrimiento constante. Ni siquiera tengo tiempo para escuchar todo lo que me prestan. Intento recuperar el tiempo perdido, escuchar lo que está sucediendo hoy. Pero no me convence lo que oigo.

¿Te interesa el rock femenino?

Nunca me interesó. La gente sigue sacando a relucir la historia de Patti Smith. Puedes preguntarle a mi representante. Solo la he escuchado una vez en mi vida, fue “Horses”, en su auto. Me gustó y me encantaría escucharlo con calma, pero no tengo tiempo. Es ridículo: todo el tiempo que he pasado diciendo que nunca he escuchado a Patti Smith debería haberlo dedicado a escuchar sus álbumes. Ni siquiera he visto una sola foto suya; me gustaría saber qué aspecto tiene. Por eso, no puedo decir si las comparaciones están justificadas o no.

Se podía sentir que sus canciones estaban impulsadas por la ira. Tiene un tono muy directo, es una música totalmente pura, eso es lo que las acerca.

La ira es lo que impulsa mis canciones; no siento la necesidad de pulirlas ni de adornarlas. Realizo todo el trabajo de producción y arreglos en mi cabeza. Si una canción surge, ya está terminada: lista para grabar. No me planteo la posibilidad de retocarla o alterarla. Pero sé que cambiaré en el futuro. La sencillez -esa cualidad desnuda arraigada en el *blues*- es lo que mejor les sienta a mis canciones ahora. En casa no hablábamos mucho; no malgastábamos palabras. Decíamos solo lo estrictamente necesario, así que, cuando alguien hablaba, escuchábamos, porque iba directo al grano. Realmente espero que esa economía de palabras se transmita en mis discos; eso es lo que busco. Despojar las cosas de lo superfluo, una y otra vez. Pero nunca termino de lograrlo del todo. Me encantaría eliminar todo lo innecesario de nuestros discos: hacerlos aún más austeros, más simples y, por tanto, más potentes. Lo que importa no es lo que se dice, se cuenta o se discute, sino lo que no se dice. Así que paso la vida censurándome, borrando palabra tras palabra. Pero dentro de unos años, probablemente anhele más espacio. No olvides que toqué en una *big band* durante años y que me encantan las orquestas sinfónicas.

Sin embargo, pareces fascinada por la guitarra.

Mi guitarra significó todo para mí durante mi adolescencia. Me la robaron hace unos días, lo que explica mi mal humor. Una hermosa Gretsch, con la que compuse todas mis canciones; la apreciaba como a una amiga. Siento que estoy de luto, por eso hoy visto de negro. Mi mejor amiga ha muerto.

En Sheela-na-gig evocas el tema de la maternidad. ¿Es esta una preocupación importante?

Hasta ahora, siempre decía que no. Pero ya no estoy tan segura. Es una idea bastante atractiva; me imagino fácilmente siendo madre dentro de unos años. ¿Por qué? ¿Tienes una propuesta para mí?